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Este año, el Foro Económico Mundial se reúne con el desafío de avanzar en el tándem seguridad-prosperidad.

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Lula, uno de los protagonistas de Porto Alegre, no asistirá a las citas de Suiza y la India, pero dice seguir siendo "de izquierdas"
Fuente: Foro Económico Mundial

De Porto Alegre (Brasil) a Bombay (India), por la ruta de la pobreza y siguiendo los latidos de la "alter-mundialización". El Foro Social Mundial (FSM) u otro Davos ha cambiado de escenario geográfico, con los riesgos que ello conlleva, pero ha vuelto a rodearse de miseria, desempleo, analfabetismo y enfermedades. También de esperanza, porque todo cabe en Bombay: la mayor ciudad de India y su capital económica es un lugar ribeteado, a la vez, de magníficos edificios victorianos y de chabolas. Por primera vez desde la creación del FSM, sus fechas no han coincidido este año con las de Suiza. Se ha adelantado para buscar en su cuarta edición, del 16 al 21 de enero, "otro mundo posible" en un continente como el asiático, con un papel económico decisivo y que concentra a casi la mitad de la población mundial.

Los más de 75.000 activistas y 2.500 organizaciones no gubernamentales del movimiento contra la globalización desean traducir la protesta en propuesta. Reflejo de ese paso de la idea a la acción es la evolución del propio Foro, referencia para la izquierda del mundo. En su primera edición de 2001 contó con 20.000 asistentes, que llegaron a rebasar los 120.000 el año pasado.

El Partido de los Trabajadores del actual presidente brasileño Lula da Silva es uno de los principales impulsores de esta Cumbre antagónica que, esta vez, ha seguido sin él y fuera de la sureña Porto Alegre, gobernada desde hace quince años por la izquierda. La dirección apostó por la "internacionalización" en la anárquica y mística Bombay, y muchos expresaron su temor a que el Foro perdiera la garraiberoamericana. Según la propia Secretaría Internacional, los movimientos asiáticos organizaron el 47% de las actividades. Una cuarta parte del presupuesto, de 2,4 millones de dólares, provino de organizaciones estadounidenses.

Los debates han vuelto a engarzarse en la lucha contra la globalización y el belicismo de EE UU, con una denuncia generalizada al "enemigo Bush y su guerra preventiva". Según la declaración final del Foro parlamentario, las políticas de Washington han creado "nuevos obstáculos para la necesaria y rápida solución de conflictos" como los de Oriente Próximo o Corea. Asimismo, recogen problemas especialmente acuciantes en los ámbitos de los derechos humanos, la sociedad, la salud, la política, la economía y la cultura. Abarcan una problemática heredada de otros foros: la distribución de los recursos naturales, la posición que ocupan las mujeres en la globalización, el papel que ésta deja al Estado Nación o los desafíos del socialismo actual. Los medios de comunicación y la difusión de la cultura o las bondades del software libre y gratuito figuraron en la agenda. La Premio Nobel de la Paz guatemalteca, Rigoberta Menchú, expuso sus alternativas para cambiar el mundo, mientras Winnie Mandela acercó las actuaciones de la Corte Mundial de las Mujeres contra la Guerra como Crimen.

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