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Este año, el Foro Económico Mundial se reúne con el desafío de avanzar en el tándem seguridad-prosperidad.

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En Davos se contaba ya con un conflicto corto en Irak, que no tardaría en desatar unilateralmente EE UU sin permiso de la ONU.
Fuente: Foro Económico Mundial

El pasado año fue el de la desaceleración económica y los escándalos corporativos con epígrafe "enronitis". Reconstruir la confianza fue la propuesta de los poderosos del mundo para la trigésimo tercera edición del FEM, dando por descontado que ésta se encontraba en mínimos. Por encargo previo a Gallup y Environics, el Foro se inauguró bajo la estela de una encuesta sobre percepción ciudadana de las instituciones del llamado mundo moderno. Desprestigio y contestación golpearon a los parlamentos, grandes firmas, ejércitos y algunos organismos multilaterales.

Lo más destacado de la Cumbre fue, sin duda, la presencia de un recién estrenado presidente Lula, que subió al estrado para reivindicar otro mundo, uno más justo. Después de hacerlo en Porto Alegre, en la plataforma antitética a Davos, volvió a hablar de desigualdades y de la consiguiente urgencia de distribuir la riqueza y reconstruir el orden económico internacional. "El hambre no puede esperar", espetó el brasileño a millares de hombres de negocios y decenas de jefes de Estado, economistas, académicos y artistas.

Mientras, los prolegómenos de la guerra unilateral estadounidense contra Irak moldearon un debate en el que sorprendió la escasa presencia de políticos europeos. Los medios de comunicación se hicieron eco de la caída de la temperatura en las relaciones trasatlánticas que, en palabras del presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado de EE UU, modificó "la naturaleza del debate". El antimericanismo que, en años anteriores, había quedado a las puertas de la sede (voceado en protestas callejeras y manifiesto en las pancartas), entró en Davos. La Administración Bush, por boca del secretario de Estado Colin Powell, dejó muy claro que sólo la destrucción de armas, la caída o el exilio de Sadam Husein evitarían un conflicto bélico. El ataque, que no tardaría en desatarse, y sus consecuencias, son sombras que volverán a planear en Suiza en la cita 2004.

Consulte el especial DAVOS 2003

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