Cinco meses después de la pasada cumbre, en la que el G-20 acordó una nueva arquitectura financiera para la comunidad internacional, el objetivo de todos los países en este encuentro es consolidar una salida a la crisis que se presenta incierta.
El presidente de EE UU, Barack Obama, en la reunión de Londres. Reuters
Laura González
Los líderes del G-20 están dispuestos a mantener los paquetes de estímulo puestos en marcha, a aplicar controles más estrictos a las bonificaciones de los banqueros y a aumentar el papel de los países emergentes en las instituciones internacionales. Además, se discutirá la situación 'macro' y el futuro modelo de crecimiento mundial a la luz de los orígenes y consecuencias de la crisis financiera y económica.
La postura de los países de la UE es unitaria, todos están de acuerdo en que aún no es momento de retirar las medidas de impulso para sacar a la economía de la crisis hasta que la recuperación esté consolidada y también demandan que se establezcan las reglas vinculantes sobre las primas a los ejecutivos bancarios.
Francia, Alemania y Reino Unido insisten en regular las políticas de remuneración de los directivos de las empresas, ante todo en lo que se refiere a los finiquitos en consorcios y compañías con problemas económicos.
La canciller alemana Angela Merkel ha señalado que su país se plantea incluso la posibilidad de imponer límites legales a la remuneración de directivos de empresas, ante todo, en lo que se refiere a los finiquitos en consorcios y compañías con problemas económicos.
En cuanto a Francia, Nicolás Sarkozy, ya ha amenazado con abandonar la cumbre si no se sacan adelante las normas para acabar con los paraísos fiscales. El país galo aboga por la importancia de alcanzar soluciones a la cuestión de la coordinación entre los organismos de regulación de los países del G-20.
Asimismo, el primer ministro británico, Gordon Brown se ha sumado a las demandas formuladas por sus homólogos de Alemania y Francia, respecto a la necesidad de establecer normas de carácter vinculante y obligatorio que regulen las retribuciones variables percibidas por los ejecutivos del sector financiero.
Además de los cambios en el sistema de remuneración, Francia y Londres han reclamado una reforma en profundidad del sistema financiero global y no centrarse sólo en detalles como las remuneraciones en el sector bancario.
Por su parte, aunque Estados Unidos ya ha hecho constar sus reservas a intervenir en las primas de la banca, el secretario del Tesoro, Timoty Geithner, sí constató que hay que reformar el sistema financiero para que los bonos de los banqueros sean coherentes con los riesgos que asumen. Barak Obama señaló en un discurso en Wall Street que “Es fundamental reformar lo que no funciona en el sistema financiero mundial, un sistema que vincula entre sí a las economías y que propaga tanto beneficios como riesgos”.
Los países emergentes acuden a Londres con la intención de presionar para que el G-20 se convierta en un foro más importante que el G-8 a la hora de fijar las políticas económicas y financieras y para que sirva de vehículo a las propuestas de las naciones emergentes que representan a un 70% de la economía mundial. Brasil presentará una propuesta para regular los mercados financieros mundiales, sobre todo los de derivados, de manera que todas las operaciones en mercado de futuro sean registradas. En cuanto a Argentina, este país aspira a un diálogo sin imposiciones, y solicita reconstruir una nueva relación para que existan nuevos organismos multilaterales de crédito.
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