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Unos restos de ADN fueron la prueba concluyente para detener al británico Tony Alenxander King por el asesinato de la joven Sonia Carabantes, desaparecida una noche de agosto a pocos kilómetros de donde en 1999 había muerto en circunstancias similares Rocío Wanninkhof. La autoinculpación de King, que confesó actuar en solitario, dio un vuelco al caso Wanninkhof, por el que se juzgó y condenó a Dolores Vázquez a 15 años de cárcel.
FOTOGRAFÍA: Rafael Marchante
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