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John de Zulueta

'Hay que eliminar símbolos de estatus'

Zulueta, cuya gran arma es el constante ejercicio de una serenidad pasmosa, ha marcado Sanitas con el sentimiento de que la honestidad es imprescindible, ha extendido la armonía por la compañía y hasta ha creado una sede central bioclimática

Miguel Boyer - 15/03/2002

John de Zulueta es consejero delegado de Sanitas desde 1991. Nació en Boston (Estados Unidos), se graduó en Historia Contemporánea en la Universidad californiana de Stanford, y complementó su formación con un máster en administración de empresas en Columbia. En San Francisco ejerció durante dos años como consultor para el Boston Consulting Group. A los 31 años dirigió en Venezuela una empresa de alimentación y luego se instaló en España como presidente de PepsiCo SA. En la actualidad, además de dirigir Sanitas, es consejero de Bankinter, de la Universidad Europea de Madrid, y patrono de la fundación Federico García Lorca. El sector de los seguros sanitarios que ahora le ocupa es complicado. En España operan 150 compañías, 'una locura', pero al mismo tiempo tres sociedades poseen la mitad de la tarta. El crecimiento se ha hecho mediante absorciones. Aunque el problema es que muchas de las pequeñas sociedades trabajan con funcionarios, algo que no interesa a Sanitas porque sus primas están fijadas por el Gobierno y no salen rentables. El mercado español es estacionario, con un nivel de cobertura sanitaria del 15% de la población, en línea con la media europea. En EE UU la sanidad privada es muy potente, pero no en Europa, gracias a la seguridad social universal.

Pregunta. Usted es uno de los directivos españoles más valorados, según el Merco, en el estudio de reputación corporativa. ¿Cuáles son sus méritos?

Respuesta. Sanitas ha aparecido situada en primer lugar, dentro de su sector, por delante de Fremap y Asepeyo, lo cual nos ha alegrado mucho porque nosotros empezamos hace sólo 10 años a hacer publicidad a nivel nacional. En cuanto a mí mismo, este año he bajado al lugar 47, cuando en la última edición estaba situado en el lugar número 20. Pero ya lo esperaba, porque dos años después, se aleja en el tiempo el anuncio de Telefónica en el que yo aparecía. La operadora eligió diversas empresas para que explicaran por qué usan sus servicios y en el sector de asistencia sanitaria escogió a Sanitas. Aparecer en ese anuncio me dio mucha popularidad, porque Telefónica compra medios a lo grande. Tanto, que cuando salía de casa los operarios de las obras me reconocían y me paraban para felicitarme. Ahora estoy más cerca del lugar que corresponde a una empresa media como Sanitas. Son las grandes las que tienen la mejor reputación.

P. Es licenciado en Historia...

R. Sí soy licenciado en Historia Contemporánea. Aunque no soy como Carly Fiorina, que se licenció en Historia Medieval en Stanford, donde también estudié yo. ¡La historia medieval sí que tiene mérito! No es de extrañar que esa mujer haya llegado a presidente de Hewlett-Packard.

P. ¿Echa usted de menos una actividad más intelectual?

R. Bueno, yo empecé en el lado intelectual de los negocios, que es la consultoría. Y, desde luego, he mirado con ojos de consultor todas las empresas en las que he estado. Aunque también me gusta el día a día, la calle, el remangarme.

P. ¿Añora escribir?

R. En realidad, sigo escribiendo. Tras la publicación de mi libro Buscando el Dorado (editorial Noesis, 1996), me ofrecieron una columna en las páginas salmón de un diario. Antes publicaba con más frecuencia, mientras que ahora alterno con Tom Burns y Antonio Pulido. Está bien, me conviene mucho porque me obliga a pensar, a investigar. Tengo que encontrar documentación, preparar el tema y luego, claro, escribirlo. En cambio, no pienso publicar otro volumen hasta que me jubile. La verdad es que supone mucho trabajo. Me quitaba muchos fines de semana, muchos días de vacaciones. Y eso que mi libro era sencillo porque se componía de 66 ensayos y cada uno era distinto. En el fondo no necesitaba preocuparme por encuadrarlos en una estructura demasiado coherente y acabada. Tardé como un año, y luego llegan las galeradas, que exigen revisar y corregir mucho. Además, el mundo hace la travesura de irte cambiando entre las manos, porque una persona deja de estar en un sitio, las situaciones se modifican rápidamente y tienes que cambiar partes del texto hasta el mismo momento de la publicación.

P. ¿Cómo retienen el talento en Sanitas?

R. Yo pago bien, tanto como los mejores del sector, pero además me esfuerzo en buscar gente de gran capacidad. Ofrezco mucha formación y reduzco las diferencias de estatus. Todos los empleados tienen plaza de aparcamiento, pero no son reservadas. Si los directivos llegan tarde aparcan más lejos. Nuestras tarjetas de negocios no incluyen el cargo, sino la dirección de correo electrónico. En ese sentido, me gusta mucho la consultoría, donde vi cómo los socios, los gerentes y los peones se sentaban en la mesa a discutir en igualdad de condiciones. Aquello es una cultura excepcional, pero en Sanitas, que es una empresa más grande y más estructurada, adoptamos esa tendencia. Yo he puesto mi despacho en la primera planta, cuando el arquitecto me había reservado un gran espacio en el último piso. Hemos convertido aquella sala en una zona de descanso para el personal, con bebidas, cafés, muebles de diseño y una gran terraza.

P. ¿Este edificio refleja su misión y su cultura empresarial en pro de la salud?

R. Aquí tenemos un gimnasio que cada cual puede usar cuando más le convenga. Sólo trabajamos 34 horas a la semana y tenemos 29 días laborables de vacaciones. La calefacción no funciona con aire forzado, sino con tubos de agua fría o caliente que van por el techo. No usamos ventilación mecánica, sino que el aire se mueve por convección espontánea. Los despachos miran a unos patios con plantas y fuentes. Por la noche se despliegan las cúpulas de esos patios para que se renueve el aire, algo que los empleados aprovechan luego abriendo sus ventanas, que dan a esos espacios. De hecho, hemos sido elegidos para ir a Oslo a un concurso de edificios verdes, junto a otras 10 construcciones españolas. Nosotros fuimos los primeros del país en inaugurar, hace menos de dos años, unas oficinas bioclimáticas. El pionero fue Norman Foster, en Francia. Nosotros fuimos los segundos en el mundo, pero superando a Foster.



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