Microprocesadores
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Cristina Caballero - 30/03/2002
Los Jacobs son una familia de clase media que vive en Boca Raton (Florida) sin más problemas que los propios de cualquier persona normal: llegar holgadamente a fin de mes, pasar las vacaciones en un lugar de la costa y prosperar en el trabajo. Dentro de pocas semanas saldrán del anonimato, tras serles implantado bajo la piel un chip que portará su información biológica más relevante. Aunque suena como en las más temibles novelas futuristas de George Orwell, los Jacobs están encantados con el experimento. 'Es un importante avance en la evolución del hombre y la tecnología', ha declarado el padre de familia, un dentista que sobrevivió hace años al cáncer. 'Además, si me pasa algo, podrán escanear mi chip y conocer al instante todos mis datos médicos'.
El dispositivo que los Jacobs están deseando implantarse, llamado Verichip, es del tamaño de un grano de arroz, y se inserta, sin necesidad de anestesia, con un pequeño pinchazo en el antebrazo. A través de ondas de radiofrecuencia, el chip enviará señales a una base de datos general que será recogida y procesada por personal autorizado. Combinado con el sistema de localización geográfica GPS, los Jacobs podrán ser siempre ubicados en el mapa y salvados, por ejemplo, en caso de accidente, secuestro o ataque terrorista.
Este último supuesto es el que ha hecho aumentar en los últimos meses el interés por este dispositivo, según Applied Digital Solutions, la empresa que ha inventado el Verichip. La compañía afirma que desde el 11 de septiembre se registran diariamente miles de peticiones de gente que quiere que se le implante uno. Según las estimaciones de la empresa, las ventas mundiales de Verichip podrían alcanzar en cinco años más de 100.000 millones de dólares.
Para empezar a vender los chips aplicados a humanos en EE UU, a la empresa sólo le falta el visto bueno de la Food and Drug Administration (FDA), el organismo que se encarga de controlar y aprobar productos para su comercialización relacionados con la salud, como es el caso del Verichip, dadas sus aplicaciones médicas. La FDA, preguntada por este diario, declara sus investigaciones 'información confidencial', pero los expertos creen que no será difícil que lo apruebe en su vertiente sanitaria, para controlar, por ejemplo, a enfermos de Alzheimer o de diabetes.
Donde discrepan la mayoría de las asociaciones estadounidenses de derechos civiles es en la posible utilización de chips para controlar a presos en libertad condicional o a inmigrantes, algo insinuado hace escasas semanas por el propio consejero delegado de Applied Digital Solutions.
'Si el uso del chip es aprobado para su implante en humanos, otras instituciones empezarán a demandarlo para todo tipo de aplicaciones y comenzará a ser peligroso', piensa Evan Hendricks, editor de Privacy Times, una publicación sobre leyes dirigida a abogados. 'Puesto que las leyes de privacidad son demasiado ambiguas en EE UU y debido a la fuerte invasión del Verichip en las libertades individuales, este dispositivo debería ser utilizado sólo en casos de extrema necesidad médica'. Respecto a la alta demanda que ya está registrando pese a no estar todavía aprobado, Hendricks cree que 'la gente es muy ingenua y normalmente no es consciente del uso secundario que se puede dar a la información obtenida a partir de los chips'.
Fuera de EE UU, Applied Digital Solution ya tiene sus primeros clientes. Son tres países latinoamericanos, cuyos nombres la empresa aún no ha desvelado, que han encargado Verichip por un valor de 300.000 dólares (342.000 euros). También el senador por el Estado de São Paulo (Brasil), Antonio de Cunha Lima, se ha mostrado altamente interesado y visitó el mes pasado las instalaciones de la compañía en Florida para obtener información. São Paulo, con 33 millones de habitantes, es la cuarta megalópolis más extensa del mundo y sus calles registran un secuestro cada 35 horas. El senador pretende introducir los chips en el país como un método para luchar contra el crimen organizado en cuanto las autoridades brasileñas aprueben los dispositivos.
Mientras tanto, Applied Digital Solutions no pierde el tiempo y ya ha llegado a un acuerdo con Microsoft para usar sus sistemas y plataformas de localización geográfica. Una vez implantado el chip, éste enviaría y recibiría constantemente información y, a través del movimiento de los músculos, se recargaría electromecánicamente. La tecnología GPS pondría en contacto perpetuamente el chip con una base de datos o una web.
Millones de animales controlados
Los chips que ahora quiere vender masivamente Applied Digital son una mera adaptación 'humana' de los que se utilizan en todo el mundo para registrar a los animales. De hecho, Applied compró, hace más de una década, la firma Destron Fearing, dedicada a implantes de chips en perros, que ahora ha evolucionado hasta convertirse en Digital Angel, el inquietante nombre que tiene la división de biochips para humanos de la empresa. Hasta ahora, la compañía no se había atrevido a proponer un uso masivo de esta tecnología, pero tras los atentados de Nueva York parece que nada es suficiente cuando se trata de seguridad.
Hay cientos de compañías dedicadas a los microchips en animales, como laboratorios farmacéuticos (Schering-Plough) y asociaciones veterinarias (Avid). Si los implantes de chips en humanos que se propone desarrollar Applied Digital tienen éxito, es probable que estas empresas abran líneas de negocio en ese sentido. 'Por ahora, se trata de implantes voluntarios', afirma un experto legal del Centro de Leyes Franklin Pierce. 'Pero una vez que los ciudadanos se familiaricen con su uso y se publiciten sus beneficios, la implantación podría ser obligatoria, como las huellas digitales en los carnés'. ¿Novela de Orwell o pura realidad?
Del mismo modo que los microchips son capaces de procesar millones de operaciones matemáticas en un segundo, los biochips procesan miles de reacciones biológicas en un tiempo mínimo. En los últimos años se ha estrechado la relación entre informática y biología, y los biochips han jugado un papel destacado en hitos como la descodificación del mapa del genoma humano. Lo que empezó siendo el eje de un negocio incierto en manos de empresas de nueva creación (start ups) ha ido atrayendo la atención de gigantes como Motorola, que acaba de introducirse en el sector de biochips, Hewlett-Packard, Texas Instruments e IBM, sin olvidar a Affimetrix, que posee el 60% de la cuota de mercado. La industria bioinformática será una de las que más se desarrollen a lo largo del siglo XXI. Diversos estudios sitúan en unos 3.000 millones de dólares la cifra de mercado del sector, con un aumento anual del 50% hasta 2007. Actualmente, existen biochips para casi todo. Los mayor demanda está en la industria farmacéutica, que los usa para probar nuevas terapias y medicamentos. Su aplicación en el desarrollo de nuevas medicinas reduce el coste por cada medicamento de los dos dólares actuales hasta 0,0001 centavos. Los biochips que incorporan sensores también están siendo investigados por sus beneficiosas aplicaciones médicas. Por ejemplo, un chip propuesto por la compañía Sensors for Medicine and Science, que permite a personas diabéticas controlar el nivel de glucosa en la sangre. El chip, implantado bajo la piel del paciente, es capaz de medir la glucosa y enviar los resultados, a través de radiofrecuencia, a un centro médico o a cualquier base de datos. De la misma manera, existen chips para medir los latidos del corazón o, como los desarrollados por Medtronics, que controlan señales en el cerebro y podrían aplicarse a enfermos de Parkinson.
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