Columnista - Breakingviews
Breakingviews - 07/07/2009
La suerte de UBS empeora. El grupo financiero suizo, en reestructuración, parece haber perdido la oportunidad de deshacerse de su división de gestión de patrimonio en EE UU. Tras discutir repetidamente la venta de la antigua Paine Webber, ahora UBS busca nuevos jefes para el negocio. Parece que su único interés es potenciar el atractivo de la operación frente a algún futuro comprador.
La filial estadounidense ha sobrepasado su vida útil en la compañía. Quizás tuviera sentido en 2000, cuando UBS buscaba mayor presencia en EE UU, pero ha perdido toda razón de ser después de casi una década. En cierto sentido, la división causa más problemas de los que merece la pena asumir. Da trabajo a un cuarto del total de empleados de UBS pero, en sus mejores momentos, genera sólo el 5% de sus beneficios.
El tiempo no ha favorecido a lo que ahora llaman "gestión de patrimonio de las Américas". Las fusiones de las rivales Bank of America y Merryl Lynch, y de Morgan Stanley y Smith Barney, han convertido a la antigua Paine Webber en un competidor menor dentro del sector.
Lo que es peor, los brokers en EE UU consumen una proporción de lo que generan mucho mayor que sus homólogos internacionales. En consecuencia, los márgenes de beneficio en EE UU son considerablemente más estrechos que los de las operaciones de banca privada de UBS en cualquier otro sitio, que tienen una importancia bastante mayor.
UBS ha entendido todo esto demasiado tarde. Los compradores potenciales han perdido el apetito. Puede que los haya paralizado la crisis, que hayan encontrado negocios alternativos o que hayan recuperado lo suficiente en el corto plazo como para posponer cualquier compra que suponga un cambio de estrategia. UBS también tiene sus propias limitaciones: el precio de hoy ni siquiera cubriría el fondo de comercio de Paine Webber cuando fue comprado por 12.000 millones de dólares. La venta supondría otra humillante pérdida.
Por ahora, parece que UBS no puede deshacerse de la división. Su gestión supone un desgaste, especialmente cuando el Servicio de Impuestos Internos de EE UU insiste en la causa contra el grupo suizo por ayudar a sus clientes a evadir impuestos. Un acuerdo ayudaría a parar la sangría de reputación y de recursos, ya mermados, de la compañía. Pero no haría que la filial encajara mejor en UBS.
Por Jefrey Goldfarb
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