Editorial
07/07/2009
Nada más comenzar la crisis financiera en 2007, muchas miradas se volvieron hacia el modelo de supervisión bancario español. La admiración hacia uno de los pocos países que consiguieron librarse del contagio de las hipotecas subprime debería traducirse, con la salida de la crisis, en la réplica del sistema aplicado por el Banco de España en otros mercados financieros y, muy en particular, en los de la UE.
En esa dirección apuntan afortunadamente las labores del Consejo de Ministros de Economía y Finanzas de la UE (Ecofin). Su reunión de hoy en Bruselas aspira a ser una declaración de guerra contra algunas de las prácticas regulatorias que permitieron, cuando no alentaron, los vaivenes insostenibles en la valoración de los activos financieros en todo el mundo.
Los informes previos al Ecofin, elaborados por el Comité Económico y Financiero de la UE, identifican a la perfección los riesgos asociados a "las fuerzas endógenas dentro del sistema financiero que tienden a amplificar el ciclo económico". Esa amplificación es inherente al propio funcionamiento del mercado. Pero el sistema regulador debe aspirar a mitigar sus efectos más devastadores -cuya reparación ya ha costado en esta crisis aproximadamente el 13% del PIB comunitario- y no tolerarlos con la indiferencia vista en algunos países.
Entre las principales medidas que estudiará el Ecofin figura la de obligar a la banca europea a reservar una parte de sus beneficios durante la parte alta del ciclo en preparación ante un posible incremento de los préstamos fallidos durante la bajada. Además de las provisiones dinámicas, como se conoce a esas reservas en el argot de los reguladores, la UE ve conveniente que los bancos creen "reservas anticíclicas de capital", colchones que los bancos podrían movilizar en las coyunturas menos favorables. Nada que no haya probado el sistema bancario español.
Las reformas son delicadas y urgentes, así que deberían aplicarse de forma coordinada para restaurar la igualdad de condiciones en un mercado bancario cuya competencia ha quedado totalmente distorsionada por la multimillonaria intervención de varios países europeos. España no sólo debe exigir la restauración de esa competencia, sino que dispone de las claves sobre las que debería basarse el nuevo modelo de supervisión.
El Ecofin, con buen criterio, urgirá hoy a los organismos implicados a acelerar los trabajos previos a la introducción de los cambios. Las provisiones dinámicas requieren una modificación de las normas internacionales que se aplican en la UE, para permitir a la banca el cómputo de posibles pérdidas futuras. El diseño de las reservas anticíclicas debe hacerse de modo que no se convierta en un incremento inalcanzable en las exigencias de capita para las entidades. Tras la señal política, los técnicos deben españolizar cuanto antes la supervisión europea.
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