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Columnista - Breakingviews.com

Nacionalización británica

Breakingviews.com - 10/10/2008

Cuando Margaret Thatcher acostumbraba a decir: 'No hay alternativa', el resto del eslogan era algo así como 'a los mercados libres y a Gobiernos más pequeños'. Ahora, esta frase es adecuada de nuevo, pero con un final distinto: 'No hay alternativa para la nacionalización de tanto sistema financiero como sea necesario'.

Reino Unido puso este principio en marcha el miércoles con un plan de rescate masivo para el sistema bancario. ¿Cómo de masivo? Por encima de los 50.000 millones de libras de capital, un préstamo garantizado de 250.000 millones de libras y otro de 200.000 millones de libras del Special Liquidity Scheme del Banco de Inglaterra. En total, esto suma el 35% del PIB del país.

Estados Unidos está siguiendo también un nuevo proverbio, aunque todavía a regañadientes. Éste habla de que los 700.000 millones de dólares del fondo de rescate serán empleados pronto para reforzar el capital de los bancos. Pero el banco central está ya poniendo tanto dinero del Gobierno en la economía como considera necesario. El último fue un fondo adicional de 35.000 millones de dólares para AIG, la tocada aseguradora.

Todos los Gobiernos están tomando parte en ello. Islandia ha nacionalizado sus bancos, aunque puede no ser lo bastante rica para rescatarlos. Los líderes de la UE han llegado a un acuerdo, con discrepancias acerca de las tácticas, pero han despejado un objetivo estratégico común, manteniendo el sistema bancario en pie. Los Gobiernos han aportado sólidas garantías para los depósitos. España ha anunciado un fondo propio de entre 30.000 y 50.000 millones de euros e Italia y Francia están pensado montar algo similar.

Los seguidores de la antigua primera ministra británica puede que deseen una alternativa más atractiva para el renaciente Gobierno. El querido mercado libre de Thatcher, sin embargo, requiere un sólido sistema financiero. Si compradores, vendedores, ahorradores e inversores no pueden contar con los bancos, la economía se verá reducida al trueque.

Cuando la crisis empezó, existía la esperanza de una solución desde el mercado -rescates de los fondos soberanos u otras instituciones con fondos de sobra-. Pero a medida que los agujeros en los balances crecían y la confianza se evaporaba, los Gobiernos quedaron como los únicos salvadores con suficiente calidad crediticia y autoridad, legal y moral, para afrontar el riesgo. Lo siento, señora Thatcher, no tenemos una elección alternativa.

Por Edward Hadas

La promesa de Oriente

El poder se está moviendo hacia Asia o al menos, la prudencia. Pero los líderes asiáticos se han caracterizado por su indiferencia cuando la crisis financiera ha amenazado con convertirse en una crisis económica global. Su inactividad es peligrosa. Almacenan cantidades masivas de reservas y contribuyen con un cuarto de la producción mundial. La región debería, pues, jugar un mayor papel a la hora de calmar unos mercados al borde del infarto.

Japón y China suman 3 billones de dólares en reservas en divisas, de los que 2 billones están en China que acumula diariamente unos 2.000 millones. Las dos terceras partes de sus reservas están en bonos del Tesoro de EE UU y otras monedas extranjeras.

Aunque la economía japonesa ha estado estancada, todavía genera el 10% de la producción mundial. China, a pesar del parón económico mundial, tiene una previsión de crecimiento del 9% para 2009 y es probable que pronto sea el primer productor industrial. E India crecería más del 7% el próximo año.

Asía está colaborando en la campaña internacional para prevenir el desastre económico. Los bancos centrales de China, Hong Kong, Corea del Sur y Taiwán recortaron tipos. Como sus colegas occidentales, tienen razones nacionales e internacionales. Las Bolsas de la región sufren la volatilidad -Indonesia cerró totalmente el 8 de octubre tras una caída del 10% en hora y media-.

Pero la región participa más como comparsa que como líder. La razón principal es política. Japón ha estado políticamente paralizada durante años y los líderes chinos -a pesar de su aparente poder- son ambivalentes en el escenario internacional. El país recientemente clamó por una alternativa multi-divisa al sistema dólar, y fue largamente desatendido. La región ha hecho pocos progresos para elevar su voz a nivel mundial.

Este divorcio entre el peso de la economía asiática y su estatus político es una seria debilidad para resolver la crisis económica -especialmente, porque la región almacena un buen pedazo de la deuda externa en dólares-. Quizá menos poder se ha ido a Occidente de lo que frecuentemente se piensa.

Por Michael Prest


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