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Tribuna - Ramón Pueyo

Cómo llegar a los 100 años

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Las compañías que logran superar el siglo de vida son las que tienen una identidad marcada y valores firmes

Ramón Pueyo - 31/10/2005

Microsoft ya ha cumplido 30 años. Según muestran los rankings de Interbrand, hoy es la segunda marca más valiosa del mundo, sólo por detrás de Coca-Cola. En las tres décadas transcurridas desde la genial asociación entre Paul Allen y Bill Gates, Microsoft ha contribuido de manera decisiva a provocar un cambio cultural que algunos equiparan al de la Revolución Industrial.

Para una gran compañía como Microsoft, 30 años es una edad avanzada. Por no hablar de las pequeñas y medianas empresas, donde tres décadas es edad más propia de caballeros Jedi. Y es que la longevidad es un atributo que no se encuentra con facilidad en la dotación genética de las compañías. Baste comprobar los rankings de mayores compañías del mundo, elaborados habitualmente por publicaciones como Fortune o Forbes. Menos del 50% de las 20 mayores compañías del mundo en 1990 siguen manteniendo tal estatus en 2005. En 2001, Financial Times publicaba los resultados de un estudio de la Universidad de Stanford; el 50% de las 1.000 mayores compañías del mundo desaparecen cada 10 años. General Electric es la única compañía que ha formado parte del Dow Jones Industrial Average desde su creación en 1884. Las compañías suelen tener vidas intensas, pero breves. Pero existen excepciones.

Aunque no es un hecho resaltado en los folletos turísticos, Suecia es la cuna de la que algunos consideran la compañía más antigua del mundo. Stora (ahora Stora Enso), compañía papelera que en 1988 celebraba su 700 aniversario, ya fue el mayor proveedor europeo de cobre durante la Edad Media. También en Japón pueden preciarse de un caso similar. A finales del siglo XVI, un samurái en paro decidió seguir el consejo de su mujer y establecer una cervecería. Con el tiempo, fue diversificando sus actividades; alimentación, banca, papel, textiles y maquinaría. Después llegarían las telecomunicaciones, acero, química y obra civil. La compañía, llamada Mitsui, sigue estando entre las 500 más grandes del mundo.

Pero los anteriores no son más que casos excepcionales. Según entienden los economistas estudiosos del asunto, las compañías disfrutan de una esperanza de vida que alcanzaría los 40 o 50 años, a lo sumo. Arie de Geus, quien trabajó para Royal Dutch Shell durante más de 30 años, analizaba este asunto en The Living Corporation La empresa viviente (Harvard University Press, 1997), mientras intentaba encontrar la respuesta a la larga vida de Shell. Su estudio trataba de descubrir los patrones comunes de 27 compañías centenarias, y mostraba cómo más de un 30% de las 500 compañías que formaban parte del ranking de la revista Fortune en 1970 habían desaparecido en 1983. Descubrió que aquellas compañías que lograban superar el siglo de vida se alejaban de cortoplacismos y disfrutaban de marcados rasgos identitarios, con valores y creencias firmemente asentados. Los gestores que las dirigían lo hacían con la vista puesta en el futuro, no en el próximo trimestre. Además, serían compañías extremadamente sensibles a los cambios del entorno. Disfrutan de antenas que les permiten detectar los cambios sociales y adaptarse rápidamente. Algo parecido al instinto de supervivencia, que las convierte en tolerantes respecto de las nuevas personas, ideas, percepciones sociales y formas de hacer las cosas. Por último, sostiene Geus, las compañías centenarias prefieren crecer orgánicamente a hacerlo en base a adquisiciones.

La facilidad de adaptación al entorno se pone de manifiesto de forma muy clara en las actividades desarrolladas por las compañías que superan el siglo de vida. A lo largo de su vida modifican sus actividades hasta acabar pareciéndose poco a la compañía original. De hecho, son excepción aquellas que se han mantenido en el mismo negocio de sus orígenes. General Electric tiene hoy poco que ver con la de sus inicios. Nokia, fundada en 1865, comenzó fabricando papel. Mitsui ya no sirve cañas.

Alcanzada la treintena, Microsoft parece encontrarse en una encrucijada. Las amenazas se suceden; el sofware libre, el empuje de Google por hacerse con el escritorio, o la pujanza del navegador Firefox son algunas de ellas. Todo ello mientras el lanzamiento de la próxima versión de Microsoft, Vista, sufre algún retraso. Además, algo a lo que no estaba habituada, la compañía ha tenido que aprender a competir con Google por el mejor talento disponible. Lo anterior ha llevado a pensar si no estaremos presenciando los primeros signos de la decadencia de Microsoft.

Sin embargo, si los economistas están en lo cierto, y el secreto de una vida centenaria reside en la amplitud de miras y la visión de futuro de los gestores de las compañías, nadie más apto que Microsoft para llegar a los 100 años. Lleva 30 años probándolo.



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