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Tribuna - Javier Población
Javier Población - 03/03/2010
No cabe duda de que el enorme incremento registrado en el consumo de hidrocarburos en los últimos años ha puesto sobre la mesa la espinosa duda de si, mundialmente, habrá suficientes reservas para afrontar el futuro con tranquilidad. Tradicionalmente se estimaba que las reservas mundiales de hidrocarburos iban a durar entre 40 o 50 años. Sin embargo, el problema ha surgido cuando países emergentes como China o India nos han sorprendido con un espectacular crecimiento económico, poniendo de manifiesto que, a pesar de que el precio se ha disparado, la demanda global de hidrocarburos aumenta cada año. Y lo hace a tasas más que apreciables, mientras que no ocurre lo mismo con la reposición de reservas, que a duras penas consigue acercarse a este incremento del consumo.
De ahí que sean legítimas las dudas sobre la suficiencia de las reservas probadas de hidrocarburos, aunque en muchos casos podamos decir también que son infundadas. Hay que señalar que el concepto de reservas probadas es una magnitud contable y, por naturaleza, conservadora y no refleja de un modo fidedigno la realidad. Así, en concreto se refiere a reservas efectivamente descubiertas cuya extracción resulta económicamente rentable. En la actualidad existen innumerables yacimientos que no se contabilizan entre las reservas probadas porque, a día de hoy, no resultan económicamente interesantes.
No obstante, recordemos que si el nivel de precios de los hidrocarburos sube y/o la tecnología de extracción avanza, estos yacimientos pasarán a colgarse la etiqueta de rentables y a formar parte de dichas reservas, algo que ha ocurrido en los últimos tiempos debido al espectacular incremento de los precios.
Aunque el consumo se ha incrementado notablemente en un entorno de precios creciente, hay que tener en cuenta otros factores… Veámoslos.
Primero, la tecnología evoluciona hacia una mayor eficiencia energética, lo que implica un menor consumo. De igual modo, el hecho de que el crecimiento de los países emergentes se haya producido a tasas de dos dígitos implica que no será sostenible en el tiempo, sobre todo si pensamos que está basado aún en una tecnología desfasada y, por tanto, energéticamente ineficiente.
Por último, pero no menos importante, la creciente preocupación por el medio ambiente tiene un papel clave, ya que está impulsando de un modo decisivo las energías renovables, a la vez que está penalizando la emisión de gases procedentes de la combustión de hidrocarburos.
Para concluir, me gustaría poner un ejemplo. Pensemos que a finales del siglo XIX ya se predijo el inminente agotamiento de las reservas mundiales de carbón y que, adentrándonos en la segunda década del siglo XXI, todavía éste no se ha terminado.
Igual pasará con los hidrocarburos, vía precio, la tecnología de extracción o el consumo evolucionarán, mientras que las energías alternativas se desarrollarán llegando a un equilibrio y, al igual que ha ocurrido con el carbón, dentro de siglo y medio seguirá habiendo petróleo. Recordemos que la Edad de Piedra no acabó por falta de ellas.
Javier Población. Economista titulado del Banco de España y profesor de Cunef y de ESCP Europe
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