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Columnista - Ramón Pueyo
Ramón Pueyo - 10/10/2009
Hace unos días se publicaba el ranking de Governance Metrics International (GMI), que valora la calidad de las prácticas de gobierno corporativo de las sociedades de 45 países. Las compañías españolas aparecen tan sólo cinco puestos por encima de los últimos, por debajo de las turcas, brasileñas o israelíes, y empatadas con las compañías de Indonesia. A cualquiera que haya leído Asian Eclypse: Exposing the dark side of business in Asia (John Wiley & Sons, 2001) le inquieta este empate, especialmente si tiene ahorrillos en Bolsa. El director ejecutivo de GMI destaca la poca independencia de los consejos, la desprotección de los accionistas minoritarios o la escasa transparencia respecto de las remuneraciones de los consejeros como factores explicativos de la mala calificación. Nada nuevo.
La mala calificación tiene su importancia. GMI está considerada una de las mejores agencias de evaluación en materia de gobierno corporativo. Cuenta entre sus clientes a algunos de los principales bancos de inversión del mundo. No se trata de melenudos de jersey de punto, tomando prestada la expresión de un amigo.
Los rankings los carga el diablo, así que quizá sea excesivo equiparar las prácticas de gobierno corporativo de las compañías españolas a las de Indonesia. O no. Lo que no conviene olvidar es que cada vez que alguien se toma la molestia de hacer comparaciones las compañías españolas salen mal paradas. Valgan de ejemplo los informes bienales de Heidrick & Struggles sobre gobierno corporativo en Europa, que consistentemente sitúan a las compañías españolas entre los últimos puestos. El más reciente, Corporate Governance Report 2009: Boards in Turbulent Times, pone el acento en la poco frecuente separación en España entre los roles de primer ejecutivo y presidente del consejo: más de un 60% de las compañías combinan ambas funciones en la misma persona. Y cuando los papeles están separados, el presidente del consejo de administración es, a menudo, el anterior primer ejecutivo. La independencia de los administradores, la rendición de cuentas y la supervisión del management por el consejo son otras de las oportunidades de mejora destacadas. El informe resalta la elevada dispersión de la calidad de las prácticas en España. Tenemos algunas de las compañías mejor gobernadas de Europa, pero también algunas de las peores. Aunque son más las últimas que las primeras.
Las instituciones internacionales tampoco tienen un concepto demasiado elevado de las sociedades españolas. En el Doing Business Report 2008, el Banco Mundial considera que la protección que ofrece España al inversor es muy inferior a la media de los países de la OCDE. Llega a esta conclusión valorando cuestiones relacionadas con la transparencia, las responsabilidades y rendición de cuentas de los administradores de las compañías.
En suma, la reputación internacional de las compañías españolas en materia de gobierno corporativo es manifiestamente mejorable. Esto no es una buena noticia, en un contexto en el que los inversores institucionales estudian cada día con mayor atención las prácticas de gobierno corporativo de las compañías cotizadas y toman sus decisiones en consecuencia.
Parte del problema es la inercia. A pesar de las indiscutibles mejoras introducidas por las sociedades españolas en los últimos años, algunos consejos de administración parecen ser presa de la dejadez y el descreimiento, más preocupados por completar sus informes anuales de gobierno corporativo que por mejorar sus prácticas. Como consecuencia, las prácticas no mejoran y los informes cada año están más oxidados e informan menos.
Los consejos de administración deberían preguntarse cómo avanzar en aquellas cuestiones que preocupan a los inversores, los reguladores y los mercados internacionales. Y dejar atrás el falso confort que les provoca la elaboración de los informes anuales en la materia. Y darse cuenta de que el rasero de medir a las compañías en materia de gobierno corporativo es global. Mientras no lo hagan, el mundo seguirá opinando que las prácticas de gobierno de nuestras compañías son más propias de una economía emergente. Y eso, si tenemos suerte.
Ramón Pueyo. Socio de Global Sustainability Services de KPGM
rpueyo@kpgm.es
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