Editorial
28/01/2010
BBVA zanjó ayer el debate, abierto hace meses pero agudizado esta semana, acerca de la necesidad de dar una solución definitiva a los activos dañados de los balances de los bancos, sobre todo aquellos relacionados con la promoción inmobiliaria. En vez de respaldar una solución colectiva que socialice las pérdidas con un banco malo aglutinador de activos dañados, ha ejercido su cuota de responsabilidad provisionando como si fuesen irrecuperables créditos a promotores por 1.800 millones de euros, pese a que ninguno de ellos ha entrado en mora.
Con esta fórmula son los accionistas, y no el dinero público, quienes corren con la provisión y despejan las dudas que pudieran surgir sobre la calidad del crédito y la solvencia del banco. Además, enseña al mercado cuáles son sus armas para competir en la captación de recursos y en la concesión de crédito, frente a entidades, en España y fuera, que no terminan de dar los pasos inevitables para recuperar el pulso, y que pueden contaminar la imagen de la banca bien gestionada y restar más que sumar en la aventura de la recuperación. Con esta operación, BBVA despeja, además, uno de los años que estará también marcado en negro para el negocio bancario en España. La Bolsa censuró ayer una práctica que a buen seguro reconocerá a lo largo del año.
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