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Tribuna - Isidoro Tapia

Alternativas para la reactivación del crédito

Isidoro Tapia - 02/02/2009

El restablecimiento del crédito no vendrá de la apelación a la colaboración de la banca, sino de su interés, asegura el autor, que analiza algunas de la iniciativas puestas en marcha en países como Estados Unidos, Reino Unido y Alemania para disipar los temores sobre la solvencia futura

Inmersos como estamos en la crisis económica más virulenta del último medio siglo, encontrar un diagnóstico certero sobre la misma viene a ser como buscar el foco de un incendio dentro de un edificio en llamas. Nada resulta, sin embargo, más urgente y necesario. En esta ceremonia de la confusión, ha aparecido un candidato aventajado a chivo expiatorio: las entidades financieras, responsables se sugiere tanto de la génesis de la crisis (debido a la expansión del crédito) como del rigor de la misma (debido a la contracción crediticia). Resulta, sin embargo, dudoso que las entidades financieras se estén resistiendo de manera irreflexiva a la financiación de proyectos solventes, especialmente en un momento en el que no abundan las oportunidades de negocio. ¿Qué está retrayendo en realidad la circulación del crédito?

Lo primero que cabe preguntarse es si realmente se está produciendo una contracción crediticia. La respuesta es rotundamente afirmativa. Por más que algunos analistas utilicen los datos de stock para afirmar que el crédito está creciendo 'por encima del PIB nominal', ello no es ajustado. La evolución del PIB, que es una variable de flujo, debe compararse con las cifras de flujo de crédito (es decir, el crédito nuevo concedido). La caída de esta serie supera el 50% en términos interanuales. Se trata, con mucho, del mayor ajuste histórico de la serie, y por supuesto, una caída superior a la del PIB nominal, sea cual sea la tasa del ajuste del mismo en el cuarto trimestre del año.

Reconocido el ajuste crediticio, cabe preguntarse por sus causas. Las encuestas de préstamos bancarios (el instrumento más adecuado para distinguir factores de demanda y de oferta), evidencian un ajuste de la demanda pero otro aún más pronunciado de la oferta de crédito.

¿A qué responde este ajuste de la oferta? Fundamentalmente a la incertidumbre de las entidades sobre la solvencia futura, tanto la suya propia como la de sus potenciales clientes. Las entidades desconocen el impacto que la crisis tendrá en las cuentas de resultados, y por ende en sus estructuras de capital. Cuando estas pérdidas se materialicen en los próximos trimestres, previsiblemente seguirán cerrados los mercados de capitales, por lo que las entidades han optado por una reparación preventiva de sus balances: las que han podido, reforzando los recursos propios, y en general todas mediante la congelación del activo, esto es, cerrando el grifo del crédito.

Para disipar estos temores, el Reino Unido ha combinado dos medidas: la recapitalización de las entidades, y un sistema de garantía de grandes pérdidas, que obliga a las entidades a absorber los primeros tramos de las pérdidas contables, pero socializa las que superen determinados umbrales.

Cuando las dificultades de las entidades se concentran en un tipo específico de activo, cabe plantear una solución más agresiva: la creación de un banco malo, donde se aparquen los activos tóxicos, limpiando el balance de las entidades, que de esta forma pueden volver a desempeñar su función intermediadora habitual. La alternativa del banco malo, con una eventual participación pública, está siendo discutida en Estados Unidos, donde la contaminación está muy concentrada en los activos subprime. Sólo cabría plantear una alternativa semejante en España si los problemas de las entidades se acumulasen sobre determinados activos, por ejemplo en el crédito a promociones inmobiliarias.

Finalmente se encuentra la incertidumbre sobre la solvencia de los potenciales clientes. El rápido deterioro del mercado laboral y de la actividad lleva a las entidades a dudar razonablemente sobre la capacidad de pago futura de quienes solicitan un préstamo. El aval público de una parte del riesgo de crédito, utilizado en Alemania y Reino Unido, mejoraría el perfil de los clientes reactivando la circulación del crédito.

En definitiva, la actitud recelosa actual de las entidades financieras no sólo es racional económicamente, sino que responde a factores objetivos del entorno económico y financiero. Sin embargo, lo racional desde el punto de vista micro puede no serlo a nivel macro: no sería prudente obligar a la economía española a purgar en unos meses la mayor expansión crediticia de su historia. Para ello, el restablecimiento del crédito no vendrá de la apelación a la colaboración de la banca, sino de su interés, lo que no excluye la necesidad de una intervención pública que alinee los incentivos en este sentido.

Isidoro Tapia. Consultor de Solchaga Recio & Asociados



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