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Tribuna - Ángel González-Malaxetxebarria

Alternativa iconoclasta al modelo de control público

  • meneame

Ángel González-Malaxetxebarria - 06/07/2012 - 07:00

Para la designación o renovación de la cúpula ejecutiva de los órganos oficiales de control existían ciertamente consideraciones más importantes y trascendentales que las de negociar, política y consensualmente, bajo qué testas mitradas debía cobijarse la enorme y comprometida responsabilidad de fiscalizar los recursos públicos del país. Y a fortiori, cuando este y sus ciudadanos se enfrentan a una situación, sin precedentes, de crisis financiera, institucional y de valores éticos. Hubiese sido propicia la ocasión para reflexionar si se trataba de continuar con más de lo mismo o de estudiar seriamente, bajo la sombrilla de los planes de reforma publicitados, si había llegado la hora de empezar a pensar en un nuevo modelo de control de recursos públicos, que no pertenecen a los que gobiernan, sino a nosotros, los gobernados.

La filosofía de control que propiciamos -aquí y a miles de leguas de aquí- se basa en que todos los poderes del Estado están sujetos a control independiente; y que los miembros de los tres poderes clásicos, más el poder representado por los ciudadanos, perciban que tanto en su vertiente interna como en la externa el control sobre los recursos del Estado no se ejerza de manera opresora u obstaculizadora del normal funcionamiento y trabajo de los miembros del Ejecutivo, y también de los legisladores, fiscales y jueces. Este control, siendo como es moderno, está obligado a mostrarse transparentemente, independiente y, además, ágil, facilitador y asesor, en su campo de competencia, para los tres poderes, no sancionador; pero, al mismo tiempo, previniendo los riesgos -financieros, operativos, institucionales, medioambientales- que pudieran afectar la gestión y gobernabilidad del Estado, a la vez que vigilando, examinando, evaluando e investigando (i) el desempeño financiero operativo, medioambiental y ético del Gobierno; (ii) los resultados e impacto de los programas, actividades y operaciones desarrolladas dentro del marco de los objetivos gubernamentales, y (iii) el cumplimiento de la legalidad y la transparencia en todas las etapas de la gestión pública.

En esta concepción del control se informa periódica y puntualmente al Parlamento, al Ejecutivo y a la ciudadanía sobre el resultado del examen y evaluación de la cuentas y presupuestos del Estado correspondientes al ejercicio fiscal inmediatamente anterior; se coadyuva y aconseja a los miembros de los tres poderes y de los gobiernos locales para que desempeñen sus respectivas funciones dentro de un marco ético y de responsabilidad financiera, institucional y política. Además se lleva registro, y contabiliza, para poder informar al Gobierno y a la ciudadanía del coste de sus fiscalizaciones y actividades principales; se estimula la participación ciudadana -en función de una contraloría social y auditoría cívica- en el seguimiento de las actuaciones y acciones gubernamentales y del cumplimiento de las promesas anunciadas en el programa del Gobierno, y se fomenta el ejercicio democrático de accesibilidad, capacidad y rapidez de respuesta y transparencia informativa por parte del Gobierno, acompañada de sencillez de expresión y corrección de lenguaje. Este control no podrá ser permisivo del despilfarro de los dineros y recursos públicos, ni de abusos y corruptelas administrativas, ambos tipificables como delito en una hipotética, pero necesaria, revisión de los códigos penales. Una vez detectados los defraudadores y corruptos a través de las investigaciones y exámenes especiales, sus resultados, debidamente substanciados, contrastados y documentados, serán puestos en conocimiento de las autoridades judiciales, a los efectos correspondientes.

Independientemente de la filosofía y organización del modelo de control externo elegido: el Westminster, el napoleónico, el germánico, el kemmeriano o el norteamericano -preferiblemente bajo dirección unipersonal o bajo la alternativa de una colegiatura muy reducida en número de integrantes- dentro de la división de poderes en un Estado de Derecho, el control externo está, normalmente, previsto en la Carta Magna del país; y se basa en la existencia de un adecuado control interno, que prepare las condiciones y sirva de apoyo al primero. Se trata de dos jurisdicciones de control distintas, con objetivos de control diferentes, pero complementarios, en una democracia. Entre ambos constituyen la red de control sobre los recursos del Estado y, trabajando en conjunto para los tres poderes, representan un elemento sustancial a favor de la eficiencia y eficacia de la estructura operativa del Estado, y un arma poderosa en el combate contra el fraude, la corrupción, el abuso y el despilfarro de los recursos públicos.

El modelo contempla el establecimiento de un sistema nacional de control y auditoría interna que implica la creación, sobre la base institucional existente, de una oficina de control y auditoría interna de gestión, con alcance central y autonómico. Y ubicada, en el macroorganigrama del Estado y de las autonomías, no bajo ministerio o consejería alguna, sino en dependencia directa de la presidencia del Gobierno o de la autonomía. Su titular se denominaría auditor interno de gestión del Estado. Similar designación para las autonomías. Y todo esto, aunque debamos desechar existentes concepciones y estructuras seculares que nos sitúan casi en las antípodas del modelo recomendado.

Ángel González-Malaxetxebarria. Especialista internacional en gobernabilidad, gestión financiera y auditoría


Comentarios

  • 1 Más oficinas... no, gracias - 06-07-2012 -18:39:37h

    A mí me suena a descubrir América, en el mejor de los casos, y a aumentar la burocracia con los mismos resultados que ahora, en el peor.¿Por qué? Pues porque EN TEORÍA todo eso es lo que hacen los órganos que fiscalizan el gasto público, que ya son muchos y que junto con la actividad judicial, a la que tienen acceso todos los ciudadanos y sus representantes, conforman el control previsto en nuestras normas. Aquí también tenemos parlamento y comisiones de invesigación y demás cosas, que con otro nombre, vienen a hacer lo mismo que nos sugieren aquí. El problema final siempre acaba siendo el mismo: que los ciudadanos confiamos en que alguien entendido haga nuestro trabajo por nosotros, se llame como se llame. Pedir que nos impliquemos más y gratis cuando se nos paga tan poco por trabajar, me parece que va a ser que no. En una sociedad desarrollada, sin desigualdades ni miserias varias, eso sería ideal, pero es que esto es el mundo real, no Utopía.

  • 2 ergo - 06-07-2012 -12:24:57h

    Totalmente de acuerdo en el criterio de que la economía, el gobierno, la justicia y todo lo que el ser humano crea, es para servicio del propio ser humano y nunca a la inversa: Poner al ser humano al servicio de sus herramientas es la mayor aberración del sistema y causa directa del colapso del sistema. La historia demuestra que toda civilización que pierde su "norte" acaba cayendo.

  • 3 Juan Bernardo montejb - 06-07-2012 -08:27:24h

    Se supone que el Estado moderno democrático es el punto de encuentro y equilibrio de toda la sociedad en un país. La esencia de su misión es aglutinar, dispersar los beneficios, desequilibrios y carencias. El sistema piramidal heredado está caducado y tienes graves carencias en la esencia de su formulación y funcionamiento de aglutinar voluntades sin ventajas para nadie. Se impone así, recuperar una organización horizontal transparente y eficiente, que sirva de correa de transmisión inmediata para atender las aspiraciones de los ciudadanos, modificando y ajustando el funcionamiento a medida que vayamos adquiriendo y mejorando conocimiento para equilibrar las desviaciones y ventajas obtenidas por quién sea.Parece razonable que si hay una menor actividad en general las necesidades del Estado sean menores y se tengan que reducir los costes en todos los ámbitos. Ahora bien, se supone que la misión de un estado democrático es, la de equilibrar la general evolución del sistema y cubrir los defectos esenciales del sistema heredado cuando por la razón que sea, en especial por carencias de conocimiento o de sistema, se contraiga o paralice la actividad normal como es el caso actual de crisis. Si el libre albedrío general está colapsado y el estado no cubre el desfase, las diferencias se agrandan pues nadie cubre el desfase. ¿Cómo piensan nuestros gobernantes y dirigentes vamos a salir de la crisis si se agravan las diferencias y se sigue contrayendo la actividad en general realizando recortes en el Estado? El nudo gordiano necesariamente, se tiene que desliar cambiando el sistema caducado que tenemos. ?No se pueden resolver los problemas por personas con el mismo pensamiento que los crearon.? No se puede seguir permitiendo que este sistema ilegítimo heredado que tenemos y que debemos de cambiar ya por caducado, siga permitiendo que una minoría se siga llevando todos los beneficios y excedentes generados por la inmensa mayoría de los ciudadanos. Si no fuera por este sistema ilegítimo y discriminatorio que tenemos, no estaríamos en situación de grave crisis en todo el mundo, pues simplemente estaríamos en equilibrio eficiente muy próximo a 0 y sin apenas deudas. Se necesita cambiar de sistema ya mismo. Lo esencial somos los seres humanos, no la economía estúpida que de ser útil debe de estar a nuestro servicio y no al revés. http://cort.as/0qCs http://cort.as/1mWw

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