Tribuna - Patricio Rodríguez-Carmona
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Patricio Rodríguez-Carmona - 04/05/2009
El miedo al fracaso sigue representando un obstáculo crucial para montar un negocio para casi el 47% de los españoles. La experiencia demuestra que los empresarios que aprenden de sus errores suelen tener más éxito en sus intentos posteriores. La aversión al riesgo, unido a la maraña de regulaciones, la rigidez del mercado laboral, el esquema autonómico, que debilita la unidad de mercado, el escaso desarrollo de los mercados financieros de capital riesgo y la falta de financiación e incentivos fiscales, hace que iniciar un negocio sea una ardua tarea.
Los empresarios continuamos tropezando con la burocracia administrativa tanto al inicio de la puesta en marcha de la empresa como durante toda su vida e incluso hasta en el momento de cerrar si llega el caso. La maraña de trámites a la que tiene que hacer frente el emprendedor está lastrando la competitividad de las empresas y todos los organismos internacionales sitúan a España entre los países peor valorados en cuanto a simplificación administrativa; tardamos una media de 47 días en constituir la empresa y hay que realizar hasta 12 trámites para la apertura.
El esfuerzo que desde la Administración se está haciendo es encomiable, pero aun estamos a mucha distancia de los países de nuestro entorno. Un dato es suficiente: España está en los últimos puestos de la OCDE, en cuanto al tiempo medio para crear una empresa. Para las grandes empresas la burocracia no es un gran problema, pero sí para el pequeño empresario, ya que en muchas ocasiones su coste en tiempo y dinero es un obstáculo insalvable.
No podemos olvidar que las pymes suponen más de dos tercios del valor añadido que se genera en el conjunto de la economía y que supone el 80% del empleo.
Desde AJE Confederación venimos comprobando que las Ventanillas Únicas Empresariales y los PAIT, en la práctica, no han arrojado los buenos resultados que inicialmente se esperaban. Sigue faltando agilidad y coordinación.
Es necesario reducir el número de trámites administrativos de forma que estén integrados y coordinados por la Administración General del Estado, las Comunidades Autónomas y las Entidades Locales. Igualmente se hace patente la necesidad que cada una de las administraciones tenga una eficaz coordinación interna.
Por ello, se precisa una reforma y promoción de la Ley de Nueva Empresa, el funcionamiento efectivo de las Ventanillas Únicas y los PAIT, y la reforma del sistema de concesión de licencias de actividad, que retrasan enormemente la puesta en marcha de muchas empresas.
Nuestra situación contrasta con la de los países anglosajones o con la de Dinamarca, donde los trámites para la constitución de empresas se han agilizado al máximo. En Australia sólo se requieren dos días para levantar una microempresa, mientras que en Canadá se precisan tres. En Dinamarca y Estados Unidos se tarda cinco días en crear una empresa de pequeño tamaño, en Francia ocho, y en los Países Bajos, 11. Para ello no es necesario pasar por tantos departamentos como en España y Portugal. En Australia y Canadá sólo se necesita una visita a un par de oficinas.
Es necesario impulsar la simplificación administrativa como medida de apoyo al emprendedor: no puede permitirse que las trabas burocráticas, la falta de información y la lentitud de la Administración frenen el ritmo de creación de empresas.
Aún teniendo en cuenta las dificultades, ser emprendedor durante la actual crisis es posible. Los momentos de depresión económica traen cambios y la llegada de nuevas oportunidades de negocio. Lo más importante para triunfar es encontrar una actividad demandada y que tenga futuro, y saber desarrollar el negocio ya establecido con fórmulas nuevas y flexibles para reducir gastos al máximo.
Lamentablemente estamos viviendo una grave situación de asfixia financiera. El 80% de las pymes que en los últimos tres meses acudió a la banca en busca de financiación asegura que se encontró con obstáculos. El freno en el consumo y el endurecimiento de los créditos nos ofrecen un escenario poco halagüeño.
El Gobierno ha aprobado ya varios planes y un sinfín de medidas para reanimar la economía, pero los problemas de las empresas siguen siendo los mismos, lo que está provocando un gran malestar entre los empresarios. El resultado es realmente desolador.
Nos arriesgamos para crear riqueza y generar empleo, pero la maquinaria no puede funcionar sola, necesita el soporte de los poderes públicos. La Administración debe ser más pro activa o, por lo menos, atender a una realidad y a un problema recurrente y muy conocido.
Si no se atienden las reivindicaciones planteadas aumentará el desempleo derivado del cierre de las empresas. La empresa que cierra no vuelve a abrir y se pierde el empleo, la inversión y el talento.
Patricio Rodríguez-Carmona. Presidente de la Asociación de Jóvenes Empresarios
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