Tribuna - Robert Tornabell
más opciones
Robert Tornabell - 24/11/2009
Antes de que se produjera la crisis, numerosos países de la Unión Europea se plantearon un serio debate sobre las fuentes alternativas de producción de electricidad, los costes de cada fuente y el futuro más o menos próximo de la energía nuclear. Todo eso ha cambiado de una manera radical y profunda.
Las crisis son siempre propiamente industriales, porque los servicios tienen una mayor capacidad de resistencia. En esta ocasión, se han resentido también los servicios de logística en el transporte de mercancías, por la caída del comercio internacional y, dentro de cada país, por la disminución de los sectores que producen bienes y transforman materias primas o hacen uso de productos intermedios. Muchos países han tenido que rescatar a sus bancos, normalmente a costa de los contribuyentes (y algunos accionistas), pero Corea tuvo que rescatar su industria naval, porque tenía varados miles de buques recién construidos que no encontraban mercado por la caída del comercio mundial.
Una de las consecuencias de esta crisis -incluso en los países que ya están iniciando la fase de recuperación- es el viejo debate sobre la tercera generación de centrales nucleares y los costes y beneficios sociales que son implícitos. La cuestión hubiera sido muy distinta si la demanda de electricidad hubiera seguido creciendo por encima del crecimiento del producto interior bruto, pues en España y durante los años de expansión, el coeficiente de elasticidad del consumo de energía sobre crecimiento del PIB fue de 1,4. El PIB crecía al 3% y la demanda de electricidad lo hacía por encima del 4%.
La crisis nos ha conducido a una situación absolutamente contraria. Según Unesa, la demanda de suministros de alta potencia para la industria ha caído a tasas desconocidas. Hasta el extremo de que ahora el temor ha cambiado de signo, pues existe un fuerte excedente de capacidad de generación de electricidad. Quizá por eso no se haya debatido de una manera racional el cierre de la central de Garoña. La situación podría ser hasta cierto punto comprensible, incluso a pesar de que Finlandia esté instalando una central nuclear, Suecia las aumente o Italia haya planteado un programa de expansión de las nucleares, porque siempre citamos a China y en esta ocasión no es necesario puesto que es demasiado evidente en qué gasta sus ingentes reservas de divisas.
Ahora bien, si en España el martes 3 de noviembre de este mismo año, y por la entrada de fuertes vientos del norte, la industria eólica generó más de 196.000 megavatios hora, algo fuera de la tendencia anual, el hecho dio que pensar. Si en un día, aunque fuera excepcional, la energía eólica representó más del 40% de la generación total, ¿cómo podemos plantearnos otras alternativas? Lo lógico era pensar, en vísperas de la Cumbre de Copenhague sobre el efecto invernadero, que si España puede producir energía de origen fotovoltaico a 30 céntimos el kilovatio hora (la mitad de lo que les cuesta a los alemanes) y energía eólica que pueda contribuir a más del 20% de las necesidades diarias, ¿por qué hemos de quemar carbón en las térmicas que contaminan?
No obstante, es perfectamente conocido que la electricidad no se almacena. Si los extensos páramos de los Monegros tuvieran miles de molinos de viento o, con mayor probabilidad, miles de metros cuadrados de placas solares, ¿podríamos prescindir de una parte de nuestra capacidad de generación excedente? Según los expertos, primero deberíamos contar con las redes que conectaran esas instalaciones a la red general, tener también suficientes estaciones de transformación y, lo que es decisivo, tener siempre una capacidad base excedente -hidráulica y en muchos casos nuclear- para cubrir el suministro eléctrico cuando los molinos no tienen viento o las placas solares están inactivas.
Una vez recuperemos el ritmo de actividad que crea empleo, es decir, cuando el PIB crezca por encima del 3% al año, quizá a partir de 2012, tendremos que entrar de nuevo en el debate eléctrico, con nuevas variables. ¿Hasta qué punto han de subvencionarse las energías alternativas? ¿Quién pagará el denominado déficit eléctrico? ¿Cuántos años son necesarios para plantearse la instalación de una central nuclear de tercera generación? Para los expertos, no menos de 15 años. ¿Debemos adelantarnos y plantear con la suficiente anticipación el debate antes de que se recupere la demanda?
Robert Tornabell. Ex decano de Esade Business School
más opciones
Conoce nuestra página de Facebook y hazte fan para tener las noticias en tu muro.
Los índices, el Ibex, gráficos, análisis técnico, comentarios de la sesión, recomendaciones y mucho más.
Conoce la nueva aplicación para el móvil de CincoDías.com
Conoce nuestra página de Twitter y síguenos para tener las noticias más importantes.
Consulta lo último en información económica desde tu web personal en iGoogle.