Hasta hace poco, hablar de viajar a Brasil era sinónimo de mentar el carnaval de Río de Janeiro. Sin embargo, el despertar económico del gigante suramericano, potenciado por la concesión de los Juegos Olímpicos de 2016, comienza a arrojar luz sobre el resto de maravillas del país. Así intentará dejarlo claro con su presencia en la XXX edición de Fitur, a la que Brasil acudirá para demostrar que, aparte de playas, disfraces y samba, su vasta extensión oculta otros atractivos para el turista.
Ejemplo de ello es la región de Mato Grosso del Sur, que alberga el Pantanal, la mayor superficie inundable del planeta y uno de los ecosistemas biológicos más ricos. Siendo uno de los espacios naturales mejor protegidos, el paraje permite a sus visitantes recorrer sus planicies a caballo o navegar sus ríos en barca. A la agitación producida por el ocasional avistamiento de caimanes le seguirá, sin embargo, la reparadora tranquilidad que ofrecen las tradicionales haciendas del lugar. Muchas de estas villas, regentadas en su mayoría por lugareños, han sido reconvertidas en hoteles.
Sin embargo, a quienes se queden con ganas de más aventuras, les bastará con viajar algo más al norte de la región de Mato Grosso para imbuirse en plena selva amazónica. Desde allí podrán descender al submundo, practicando la espeleología en sus milenarias cuevas o ascender hasta las paradisiacas cascadas que inundan la cuenca del Amazonas. El emplazamiento ha sido repetidamente premiado como uno de los mejores destinos del denominado ecoturismo, que aparte de acercar al visitante a la naturaleza en estado puro, le permite experimentar allí los más variados deportes de aventura, como el submarinismo o el descenso de cañones.
Su inagotable diversidad biológica ha consolidado el lugar como el principal destino de los aficionados a la ornitología. Los amantes de los pájaros se sorprenderán gratamente al descubrir que casi el 20% de las especies conocidas se encuentran en las ramas de esta selva. El fenómeno no es menor, y existen iniciativas como la del hotel Cristalino Jungle Lodge, que ofrece una incomparable atalaya de observación. Sobre su estructura se sustenta una plataforma de 30 metros de altura estratégicamente situada para el estudio de las aves.
Ruta colonial
Éste es sólo uno de los 65 espacios de ecoturismo que ofrece el país continente. Una apuesta de futuro que se encuentra actualmente en pleno auge. De hecho, lejos del sambódromo, el estadio de Maracaná o las playas de Copacabana, la mejor atracción turística de Brasil durante los dos últimos años, según la Guía Quatro Rodas, ha sido la ciudad de Jardim, que contiene el recinto ecológico de Río da Prata de enorme valor.
Naturaleza viva aparte, una opción alternativa para conocer el corazón brasileño es adentrarse en la ruta de los colonizadores, visitando ciudades como Cuibá. El centro histórico de esta localidad combina desde la arquitectura gótica a la colonial, en medio de las laberínticas calles en que residían los buscadores de oro del siglo XVIII.
"España es un país de altísima prioridad para nosotros", expone Jeanine Pires, presidenta del Instituto Brasileño de Turismo (Embratur). "El número de turistas españoles se ha incrementado en un 30% en los últimos años y en 2008 eran ya más de 200.000", apunta. "Nuestra presentación en Fitur les dará la oportunidad de encontrar destinos sorprendentes y poco conocidos de Brasil", prosigue. "Los hay para el viajero ecológico, el deportivo, el de negocios y el cultural. Aunque, por supuesto, quienes busquen sol y playa podrán encontrar rincones de ensueño entre los más de 8.500 kilómetros de costa del país". Sin mencionar, claro está, que cuentan con el carnaval más famoso de todos.