Las principales economías de la Unión Europea empiezan a tomar medidas para combatir una amenaza que crece día a día: la deslocalización masiva de empresas hacia otros países con menores costes laborales y fiscales. Las alarmas han saltado en Francia y Alemania, que empiezan a reconsiderar la jornada de 35 horas porque creen que resta competitividad a sus empresas.
La patronal y los sindicatos del sector del metal alemán sellaron ayer un acuerdo que abre la puerta a la reimplantación de la jornada laboral de 40 horas semanales.
Introducida en Alemania Occidental en el año 1984, la semana laboral de 35 horas ha sido defendida a capa y espada por el sindicato IG Metall. Los empresarios proponían ahora aumentarla sin ofrecer ningún tipo de compensación salarial a cambio.
Finalmente, las empresas podrán alargar el horario hasta las 40 horas, pero sólo en situaciones concretas y con el permiso previo del sindicato. Además, se eleva el porcentaje de trabajadores cualificados que pueden hacer horas extras.
El acuerdo ha sido hecho oficial en el estado de Baden-Wüttember, pero los sindicatos y el propio Gobierno han solicitado que sirva de modelo para el sector en todo el país.
La cesión de IG Metall, resulta significativa. Hace sólo un año el sindicato inició una huelga en la parte este del país para intentar reducir la jornada laboral semanal de 38 a 35 horas, equiparándola con la del oeste. Sin embargo, tras cuatro semanas de enfrentamiento, tuvo que tirar la toalla sin resultado.
La huelga organizada entonces por IG Metall fue criticada, incluso, por muchos miembros de la organización sindical que aducían que era peligroso reducir la jornada laboral en un momento de dura crisis económica y peligro de fuga de empresas hacia países del este de Europa.
La situación económica de Alemania ha mejorado desde entonces, pero la deslocalización de empleos sigue siendo un problema. Por lo pronto, la noticia sobre el pacto entre la patronal e IG Metall fue recibida en la Bolsa con subidas en las acciones de las compañías automovilísticas y los grupos industriales.
En Francia, la polémica en torno a la jornada de 35 horas, ley de referencia de la izquierda, sigue vigente tras cuatro años de ensayo y una resignada aplicación de la norma por parte de numerosas empresas.
El Gobierno de Jean-Pierre Raffarin lanzó una nueva ofensiva contra la medida hace sólo unos meses, cuando intentó retomar la idea alemana de anular un día festivo para relanzar el empleo.
En plena crisis con Bruselas por la falta de disciplina presupuestaria de París, el ministro de Presupuesto, Alain Lambert, hizo público un dramático balance estimando en 15.000 millones de euros el déficit público causado por la jornada de 35 horas, culpando a este factor de provocar el incumplimiento del tope de déficit público fijado por la Unión Europea.
Una comisión gubernamental investiga ahora las consecuencias de la ley y publicará sus conclusiones próximamente.
El sector de servicios tiene los horarios más amplios
La jornada pactada en los convenios colectivos en la UE oscila entre las 35,7 horas de Francia y las 40 horas o más de Grecia y los países de la ampliación. La prolongación de las jornadas, pagada o no, también es endémica en casi todos los países, salvo en Dinamarca, Irlanda y los países meridionales. El sector servicios es el que soporta las jornadas laborales más largas. Los empleados del transporte y la construcción también trabajan más horas, informa Bernardo de Miguel.