La zona euro, tradicional refugio de los exportadores españoles, se ha convertido en una ratonera para aquellas empresas españolas que confiaban el futuro de sus compañías a la buena evolución de las 17 economías que comparten el euro.
Todos los organismos internacionales coinciden en que la zona euro estará en recesión este año y que, excepto Alemania, el resto de grandes países, como Italia o Francia, experimentará caídas del PIB. Una muy mala señal para España que depende en gran medida de sus vecinos europeos. Entre enero y octubre, las exportaciones españolas se elevaron a 185.105 millones, con un alza del 4,2%, con un comportamiento muy diferenciado: las ventas a la zona euro han caído un 2,1%, mientras que las exportaciones fuera de esa región económica han subido un 11,3%. De este modo, las ventas a los emergentes han tocado máximos y ya suponen el 50,4% del total, un nuevo récord histórico.
Este factor, unido al desplome de las importaciones, ha propiciado que el déficit comercial, uno de los principales desequilibrios que arrastraba la economía española, se haya corregido de forma acelerada desde el inicio de la crisis. De los 100.000 millones registrados en 2007 se ha pasado a los 20.000 con los que está previsto cerrar en 2012, lo que supone un ajuste de 80.000 millones en cinco años. Pese a ello, el Ejecutivo y las empresas tienen que perseverar en su trabajo para elevar la cuota en los emergentes, puesto que Francia, Alemania e Italia siguen siendo nuestros principales socios comerciales. Con una cuota de mercado del 16,3%, del 10,4% y del 7,4%, respectivamente, los tres aglutinan un tercio de las exportaciones y siguen suponiendo una parte muy importante.
Por ello, el Ejecutivo y las empresas se han impuesto como principales deberes para este ejercicio elevar su presencia en países emergentes, aislados en general de la debacle mundial. Buena prueba de ello es que tres de las cuatro últimas cumbres internacionales de alto nivel, en las que hay encuentros de carácter político y empresarial, se han celebrado en naciones en vías de desarrollo (Argelia, Turquía y Marruecos) mientras que la última se celebró en Francia.
Joaquín Trigo, director general del Instituto de Estudio Económicos (IEE), señala que la principal incógnita reside en que son pocos los productos y pocas las empresas españolas que se lanzan al mercado exterior. "Por estos motivos, ahora más que nunca, es el momento de adoptar todo tipo de medidas que incentiven la creación de empresas capaces de vender sus productos en el exterior", subraya.
Trigo considera que las medidas prioritarias deben ir encaminadas a favorecer el acceso a la financiación de las pequeñas y medianas empresas con capacidad para exportar. "Es tan necesario aumentar la financiación como reducir el riesgo que asumen las entidades financieras a la hora de conceder un crédito, así como potenciar la figura de las empresas de capital-riesgo, que ofrecen una alternativa a la necesidad de financiación", remarca.
La ampliación de la base exportadora será clave para evitar la merma que está sufriendo nuestra cuota exportadora mundial, que se ha situado en mínimos históricos (1,55%) en el acumulado entre enero y septiembre. Esta supuesta contradicción (la cuota baja y las exportaciones crecen) se ha producido por el mayor avance experimentado por países emergentes como China, Corea, Singapur, India o Taiwan, cuyas ventas al exterior crecen con rapidez. Un buen ejemplo de esta tendencia es China, con una cuota del 10,8%, que se ha situado en el primer puesto de la clasificación mundial y ha abierto brecha con respecto a sus dos inmediatos perseguidores (EE UU y Alemania).
Pero no sólo hay que ampliar el número de países a los que se vende, sino también diversificar la composición sectorial de las ventas al exterior. El primer sector exportador no ha sufrido cambios y sigue siendo los bienes de equipo, con una cuota del 19,3% del total, gracias al buen momento de las ventas de maquinaria industrial. Tradicionalmente, la automoción había ocupado el primer o segundo lugar de la clasificación y se ha visto relegado al cuarto, en favor de los alimentos (con una cuota del 14,8% sobre el total) y de los productos químicos (14,4%). Las exportaciones de automóvil aglutinaron un 13,9% de las ventas al exterior con una caída anual del 10%. La principal razón para esa debacle, la más importante dentro de todo el tejido industrial, obedece a la crisis económica en Francia y Alemania, nuestros dos principales clientes, lo que ha reducido considerablemente los pedidos y la capacidad productiva de las fábricas.
Todos los expertos consultados por CincoDías coinciden en que la consolidación del sector exterior pasa por reabrir el grifo del crédito, eliminar la gran maraña de trámites burocráticos y aprobar incentivos fiscales para impulsar la actividad de las empresas, en especial de las más pequeñas. En el último informe Doing Business, que elabora el Banco Mundial para medir las barreras existentes en un país para la actividad empresarial, España aparecía en la posición 44 y retrocedía hasta la 55 en las facilidades para el comercio exterior.
Rafael Domenech, economista jefe de BBVA Research, considera que el Gobierno debería marcarse como objetivo estratégico cambiar todas las regulaciones necesarias "para pasar a estar, por ejemplo, entre las 10 primeras economías mundiales en cada una de esas categorías en un plazo limitado de tiempo". Este servicio de estudios presentó a finales de diciembre un extenso estudio sobre la internacionalización de la empresa españolas, en el que incidía en impulsar cambios fiscales para mejorar su competitividad en el exterior.
En primer lugar abogaba por una devaluación fiscal (rebaja de cotizaciones empresariales y aumento de la imposición indirecta) como la forma más rápida para mejorar la competitividad, con efectos similares a los de una devaluación del tipo de cambio. Según sus cálculos, un aumento del IVA de dos puntos acompañado de una disminución de las cotizaciones sociales podría propiciar un aumento del 1,2% del empleo, del 0,93 del PIB y del 1,1% en las exportaciones dos años después de su implantación. También sugerían un período transitorio de cuatro años con tipos marginales bajos en el IRPF para atraer capital humano.
Traspaso de turistas
El turismo es el paradigma de un sector con unas muy buenas constantes vitales, pero al que le acechan las mismas incertidumbres que al comercio exterior. El Ejecutivo espera que la llegada de turistas extranjeros rozará los 58 millones de visitantes al cierre de 2012, lo que supone volver a los niveles registrados previos a la crisis.
Pero detrás de todos estos datos positivos subyace otra realidad: gran parte del incremento de visitas se ha producido por la situación de inestabilidad política que se vive en el norte de África desde hace dos años, lo que ha provocado un trasvase desde Egipto o Túnez hacia los destinos españoles de sol y playa. La llegada masiva de turistas rusos -el primer mercado emisor de visitantes a Egipto es Rusia, con casi tres millones al año a España- ofrece una visión adecuada de ese fenómeno. En los dos años en los que se han sucedido conflictos en el Norte de África, los visitantes rusos se han duplicado pasando de 585.000 a 1,1 millones. La comunidad más beneficiada ha sido Cataluña, destino tradicional de estos visitantes, que podría cerrar el año con un récord histórico de 15 millones de entradas.
Pero este traspaso de turistas no será eterno. Y es en esa advertencia donde ponen el énfasis los empresarios del sector a la hora de reclamar ayudas e incentivos para tratar de que los españoles vuelvan a hacer desplazamientos internos y no se vean atenazados por la mala situación económica. El objetivo es tratar de que el turismo nacional compense la previsible caída que sufrirá el extranjero en el medio plazo.
Los principales representantes de la hostelería, la restauración o las agencias de viajes mantuvieron una reunión a mediados de diciembre con el ministro de Industria, Turismo y Energía, José Manuel Soria, para lanzarle un SOS sobre la delicada situación de un gran número de empresas que dependen del turismo nacional. Y para ello le pidieron que renueve líneas de financiación que se han suspendido o la posibilidad de que se aplacen pagos a la Seguridad Social para tratar de garantizar la actividad y el empleo. Soria se comprometió a buscar una solución; y, además, dejó claro que el IVA que grava las actividades turísticas seguirá en el 10% frente a las presiones del FMI o la OCDE para subirlo al 21%.